Expectativas más que satisfechas. Sudor desenfrenado a torrentes. Saltos frenéticos sobre toques trip hop. Melodía hipnotizadoras por la voz de una ninfa llegada de la remota y volcánica Islandia, son algunas frases que vienen a la mente después de disfrutar la soberbia presentación de Björk Guðmundsdóttir en Lima.
El de anoche fue un espectáculo soberbio donde la mujer, la intérprete, la artista, se impuso sobre la parafernalia tecnológica de un admirado Roger Waters, y que se convierte en el mayor referente de todos los conciertos de música moderna en nuestro país. La islandesa se supera así misma. Ni siquiera es una artista multimedia en escena. Salvo la pequeña pantalla ubicada en el sector del público en general, la presentación no tenía mayor base de imágenes transmitidas. Todo el espectáculo fue ella, con esa voz que no decayó en ningún momento, ni siquiera por los enérgicos movimientos de sus bailes o sus desquiciados sacudones de cabeza al momento de interpretar sus himnos. Era energía pura a pesar de sus 42 bien llevados y conservados años.
Desde hace varios días corre fuerte el rumor de la probable visita de la artista islandesa al Perú, empero nada está confirmado aún. Por lo pronto, Bjork solamente tiene confirmadas fechas en Argentina -en donde agotó todas las entradas para sus dos presentaciones- así como Brasil y México.