Duran Duran
Entre Duran Duran y la luna: Una noche en Lima
Miguel Angel — 17. November 2008 - 17:42
El mundo sin música es un error.
Nietzsche
Debe haber sido en un microbús o tal vez en casa de algún amigo del colegio en que oí por primera vez una canción de los Duran Duran. ¿Cuál habrá sido? ¿A cuál le habré prestado atención en primer lugar? ¿Tal vez a The reflex tan tonera, que de hecho bailamos en la fiesta de promo?
No sé si el arrobamiento fue inmediato pero en algún momento ocurrió. Tal vez al oír el dramatismo de Save a prayer, o quizá el sabor amargo y nostálgico, pesado de The chauffeur. Tal vez al oír en la soledad de mi cuarto el Arena en casset (1984) y meditar sobre las canciones, sus sonidos, sus letras. No, era obvio: en medio de mi adolescencia algo me decía que algo pasaba con esa música de estos ingleses.
Durante años, muchos peruanos hemos soñando con ver a nuestros ídolos de adolescencia y/o juventud en un escenario, sea en el exterior o en nuestra tierra. Lo más probable era que los podamos ver en otro país, países cercanos al nuestro, como Argentina o Chile. A Chile empezaron a llegar artistas de primer nivel desde los 90, y siempre para Viña del Mar a veces había grupos o cantantes con los que soñábamos despiertos en ver en vivo. Los 90 fueron los años en que el Perú era un apestado internacional en muchos sentidos, y así, muchos artistas no recalaban en nuestra tierra.
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