Es muy común pensar que las lenguas tienen una "complexión" que las hace mejores para ciertos menesteres antes que para otros.
Por ejemplo, se dice que el italiano es "perfecto para la ópera", o que el español es "bueno para los boleros", o que el francés es bueno para la "balada romántica", etc. En ese mismo sentido, alguna vez se me ocurrió que, así como el francés es la lengua del amor, el inglés sería la lengua de la pornografía.